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¿Qué se celebra con el triunfo de Obama? - Dead Enough: The Reality of the "Lesser Evil" por Chris Floyd

Traducción del artículo original "Dead Enough: The Reality of the 'Lesser Evil" de Chris Floyd, publicado en la sección OPINION del semanario "Hildebrandt en sus trece" N° 131.


¿Qué se celebra con el triunfo de Obama?

Quisiera hacer una simple pregunta a quienes ahora se congratulan por la relección de Barack Obama como si se tratara de un triunfo de los valores decentes, humanos y liberales sobre la perfidia que rezuman los postulados republicanos: ¿Está este niño lo bastante muerto para nosotros?




Este niño pequeño se llamaba Naeemullah. Estaba en su casa -tal vez jugando, durmiendo o comiendo- cuando un avión militar teledirigido (dron) estadounidense disparó un misil hacia la zona residencial donde vivía, en Pakistán, y voló en pedazos la  casa de al lado.

La metralla y los escombros atravesaron las paredes de la casa de Naeemullah y destrozaron su cuerpo. Cuando terminó el ataque -cuando dejó de acechar sobre el pueblo el zumbido del avión enviado con sabiduría agustiniana por el Nobel de la Paz, ensombreciendo las vidas de sus indefensos habitantes con la amenaza terrorista de la muerte inminente- trasladaron a Naeemullah al hospital de un pueblo cercano.

Fue allí donde tomó la foto Noor Behram, residente en Waziristán del Norte y cronista de los efectos de la guerra de los aviones teledirigidos por órdenes de Obama, Nobel de la Paz. En el momento de hacer la fotografía, Naeemullah estaba agonizando, Murió una hora más tarde.

Murió.

¿Está lo bastante muerto para vosotros?

¿No está lo bastante muerto para alterar de algún modo vuestro baile de la victoria? ¿Lo bastante muerto para perturbar las próximas fiestas de toma de posesión? ¿Lo bastante muerto para empañar, aunque sea un ápica, vuestro exultante júbilo ante el hecho de que este gran hombre, ejemplo de integridad, decencia, honor y compasión, pueda continuar con su noble liderazgo sobre la mejor nación de la historia del mundo?

Antes de las elecciones oímos hablar mucho de este concepto del "mal menor". Desde destacados disidentes antiimperialistas como Daniel Ellsberg, Noam Chomsky o Robert Parry hasta innumerables blogs progresistas y conversaciones personales, todos coincidían en este argumento básico: "Sí, los ataques de los aviones teledirigidos, la destrucción de las libertades civiles, los escuadrones de la muerte de la Casa Blanca y todo lo demás es malo; pero Romney sería aún peor. Por tanto, con grandes reticencias, tapándonos la nariz y moviendo la cabeza con pesar, habrá que elegir el mal menor de Obama y votar en consecuencia".

Entiendo ese argumento, de verdad que sí.

Pero he aquí lo que no entiendo: el sentido del triunfo, la exaltación y el júbilo que han mostrado tantos progresistas, liberales y "disidentes" por la victoria de este "mal menor". ¿Dónde fueron a parar las reticencias, el taparse la nariz, los movimientos de cabeza quejumbrosos? ¿No deberían lamentarse por el hecho de que el mal haya triunfado en Estados Unidos, aun cuando, en su opinión, sea un mal "menor"?

Si realmente creíais que Obama era un mal menor -un 2% menos malo, según creo que dijo en una ocasión Digby al describir a los demócratas en 2008-, si realmente os parecían vergonzosas y criminales las guerras de los aviones teledirigidos, los escuadrones de la muerte de la Casa Blanca, los rescates de Wall Street y la absolución de los torturadores y todo lo demás, ¿Cómo os puede alegrar que continúe todo esto? Y no solo os alegráis, sino que seguís despreciando a quienes se han opuesto a perpetuar este sistema.

El triunfo de un mal menor no deja de ser una victoria para el mal. Si tu barrio se halla bajo la tiranía de una guerra entre facciones mafiosas, tal vez prefieras que gane el bando que a veces reparte unos cuantos jamones gratis en lugar de sus rivales si son más tacaños; pero, ¿te regocijarías si tu barrio siguiera bajo la tiranía de criminales asesinos? ¿No estarías triste, abatido, desanimado y descorazonado al ver cómo persisten la violencia, el asesinato y la corrupción? ¿No lamentarías que tus hijos tuvieran que crecer rodeados de todo eso?

Entonces, ¿dónde están los lamentos por el hecho de que nosotros, como nación, hayamos llegado a tener que elegir entre asesinos, entre saqueadores? Aunque consideremos que teníamos que participar y elegir entre una de las horribles opciones que se nos ofrecían - "¿Quiere que sean los demócratas quienes maten a estos niños, o prefiere que sean los republicanos?"-, ¿no debería ser este período poselectoral un momento para afligirse en vez de saltar de alegría por el triunfo, regocijarse frívolamente y descalificar con desprecio a los "perdedores"?

Si de verdad sois "malmenoristas" -si se trata de una elección moral genuina que habéis hecho con reticencias, y no una racionalización para dejaros llevar por un partidismo irreflexivo y primitivo- sabréis que en estas elecciones hemos salido perdiendo TODOS. Aunque creáis que podría haber sido peor, no por ello deja de ser muy malo. Vosotros mismos habéis proclamado que Obama era el mal, solo que un poco "menor" que su oponente (quizás un 2%). Y por eso el mal que vosotros mismos habéis visto, señalado y denunciado va a continuar. Repito entonces mi pregunta: ¿qué motivos tiene esto de júbilo, gloria y triunfo? Aunque creyerais que era inevitable, ¿por qué celebrarlo? Preguntaos, reflexionad: ¿qué es lo que estáis celebrando? ¿La muerte de este niño y la de otro centenar como él? ¿La de un millar como él? ¿La de quinientos mil como él? ¿Hasta dónde pensáis llegar? ¿Qué es lo que no vais a celebrar?

Es así como paso a paso, dándole la mano al "mal" menor, nos estamos hundiendo cada vez más en el abismo.